Esta es una técnica la cual consiste en utilizar texto cortos y dibujos simples para organizar ideas. Es decir, se trata de un instrumento que se sirve de recursos visuales para acceder al conocimiento. Una vez aclarado este aspecto, nadie debería confundirlo con una forma de expresión artística ni tampoco con una metodología de trabajo susceptible de ser utilizada en el ámbito educativo.
Adaptado a diferentes niveles educativos.
A pesar de que aún no existen investigaciones que certifiquen los beneficios de aplicar Visual Thinking en el aula, son muchos los docentes que debido a la facilidad de su implantación (la única ‘tecnología’ necesaria es una caja de rotuladores), han empezado a proponer a su alumnado diferentes experiencias de aprendizaje utilizando esta herramienta. Así, comunidades como las que se han generado en torno al proyecto colaborativo ‘No me cuentes historias… ¡Dibújamelas!’ han ido creciendo y sumando, a lo largo de estos últimos tres años, memorias e informes de actividades realizadas con Visual Thinking que hablan de reacciones positivas del alumnado y nos muestran diferentes (y muy creativos) usos del pensamiento visual en niveles educativos y materias diversas.
Pero no solo se enriquecerán estos estudiantes, ya que, según indican numerosos estudios, la información que vemos se retiene con más facilidad, multiplicándose, igualmente, el factor de memorización, con respecto a la información transmitida únicamente mediante la palabra. Y no acaban ahí los beneficios de este método que:
-Permite ver la información desde un punto de vista global.
-Involucra todos los sentidos en el proceso
-Mejora la memoria, la atención y la concentración.
-Colabora en el desarrollo creativo y emocional.
-Supone un papel protagonista y activo del alumno.
-Ayuda a ordenar y organizar las ideas de forma lógica.
-Promueve la reflexión sobre el propio aprendizaje.
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