El efecto Pigmalión se conoce como la influencia que una persona puede ejercer sobre otra, basada en la imagen que esta tiene de ella. Sus creencias podrán influir en el rendimiento del otro, de esta manera se buscará que sus expectativas sean ciertas y se hagan realidad con conductas que tiendan a confirmarlas.
Si hacemos un balance de aquellas personas que han formado parte de nuestras vidas y cómo sus creencias sobre quiénes o cómo somos nos han afectado, e incluso la percepción que ellos tenían acerca de nuestras capacidades, nos daremos cuenta que el efecto Pigmalión puede tener tanto repercusiones positivas como negativas en nosotros.
Pero el Efecto Pigmalión no es un mito ni tiene efecto mágicos. Se trata de un proceso psicológico dividido en 4 fases:
1ª. Las creencias que los demás tienen influyen en sus acciones hacia nosotros.
2ª. Estas actuaciones externas influencian las creencias que tenemos sobre nosotros mismos.
3ª. Las creencias que tenemos sobre nosotros mismos tienen influencia directa sobre nuestras actuaciones con los demas.
4ª. Nuestras acciones hacia los demás determinan las creencias que estos tienen sobre nosotros.
Existen dos tipos de efecto Pigmalión
El efecto pigmalión positivo nos referimos cuando alguien nos valora, nos anima o considera que somos capaces de alcanzar determinados objetivos, estará contribuyendo a que generemos lo que se conoce como creencias potenciadoras, es decir, creencias positivas acerca de nosotros que nos permiten alcanzar los objetivos y aumentan nuestro rendimiento.
En cambio, si por el contrario, una persona no es capaz de percibir buenas habilidades en nosotros o simplemente no confía en nuestras capacidades para alcanzar aquello que deseamos, contribuirá negativamente en nuestra autoestima y por supuesto en nuestra capacidad para conseguir lo deseado, generando así unas creencias que tendrán un carácter limitante, y a este le llamamos Pigmalión negativo
No hay comentarios:
Publicar un comentario